domingo, 31 de octubre de 2021

Pueblos para trabajar y no morir

 


Durante este fin de semana muchos volveremos al pueblo donde descansan nuestros mayores. Nuestro camino será de ida y vuelta en forma de visita relámpago o algo más sosegada para mantener viva, con el resto de la familia, su memoria. Sin embargo habrá pueblos de la provincia en los que no se verán coches llegar, tampoco flores ni gente en el cementerio, si acaso algo más de público en la misa de réquiem del día de difuntos. En estos pueblos, a falta de cementerio, será su iglesia la que reúna a la familia en torno a la fiesta cristiana de rogar por las almas de los que se fueron.

Los poblados que el Instituto Nacional de Colonización construyó en la provincia de Sevilla a lo largo de la última mitad del siglo XX no tienen cementerio. Los arquitectos de lo moderno al servicio del Instituto siguiendo sus directrices proyectaron núcleos de población con diferentes tipos de viviendas, calles, plazas, iglesias, escuelas, artesanías, ayuntamientos, iglesias y centros para la convivencia social y parroquial, pero no cementerios.

Los colonos y obreros que llegaron en su día a los poblados de colonización de las grandes zonas regables de la provincia Bajo Guadalquivir, Bembézar y Viar– lo hicieron con un proyecto de vida y trabajo a largo plazo y no de muerte. Los mayores que acompañaron a la familia y fallecieron volvieron a su pueblo natal, los primeros colonos que por enfermedad o accidente murieron lo hicieron también o fueron enterrados en los cementerios de los pueblos mayores del entorno como Los Palacios y Villafranca, Utrera, Las Cabezas de San Juan en el Bajo Guadalquivir, Lora del Río y Peñaflor en el Bembézar, o Alcalá del Río en el Viar, en los que se integrarían administrativamente a principios de los 80 como nuevos barrios o pedanías del municipio.

Nadie pensaba en la muerte, tampoco el Instituto que nunca elaboró recomendaciones para la construcción del cementerio ni encargó proyectos. En la nueva colonialidad el sentimiento de identidad colectiva y pertenencia al lugar tendría que ver pasar tres generaciones para hacer arraigo. La mayoría de los cementerios que se construyeron en una fase posterior en otros ámbitos como Extremadura quedaron vacíos tras la negativa general de los colonos en ser los primeros en enterrarse o pensar, ante las duras condiciones y precariedad de los primeros años, volver al pueblo de origen, vivo o muerto.

En estos días de Santos y Difuntos vaya nuestro recuerdo para todos aquellos que llegaron y se fueron de los pueblos de colonización. Pueblos pensados para trabajar y no morir.