viernes, 17 de abril de 2020

La HistoriOCA. Un juego de mesa para el estudio y repaso de la historia


En esta época de confinamiento obligado nos da por ordenar armarios, trasteros y ficheros. Ordenando archivos me encontré con una carpeta en la que mi hija guardó en su día las notas y gráficos de un trabajo de curso para la asignatura de Historia de segundo de Bachillerato.

Como son días también de compartir, y en la medida de nuestras posibilidades, promover o ayudar al trabajo diario de nuestro alumnado, os presento, La HistoriOCA, una propuesta de estudio y repaso de las historia con el juego de la Oca. Lo hago habiendo pedido permiso explicito a su autora que, mira por donde, hoy ya universitaria, dejó la Historia por la Matemática.

Aquí va, tal y como se redactó e ilustró algunos años atrás, su origen, reglas y justificación histórica. Espero que os sea de utilidad como a ella le resultó, pero sobre todo que, como a mí, os sirva para compartir con vuestros hijos un rato de juego e historia.

La HistoriOCA
Propuesta de estudio y repaso de la historia con el juego de la oca



1 El origen

La oca, además del ave que solemos ver en los estanques de nuestros parques, es un juego de mesa tradicional entre la historia y la leyenda. Según la Historia el juego podría tener un origen antiquísimo (2000 a.C) al encontrar una pieza en Creta a principios del siglo XX en la que se observa un grabado de una espiral con casillas y grandes aves. La Oca aparece también en el Renacimiento como juego de la nobleza en la Corte de los Médici de Florencia.

La leyenda nos presenta el juego como distracción de los griegos durante el sitio de Troya y Palámedes, hijo del Rey de Eubea, como su inventor. También desde la leyenda, se ha querido ver el juego de la oca como una guía esotérica de iniciación al Camino de Santiago por ver en su recorrido las recomendaciones y peligros del camino y ser la oca signo antiguo del cristianismo.

Sea a como sea, la oca es un juego que nos permite descubrir la historia de una forma divertida como un recorrido o eje cronológico similar al que aparecen en los libros de texto, con casillas generales que se asociación a determinados períodos históricos y otras que hacen avanzar y retroceder, como guía o ejercicio de repaso. De esta forma se crea el juego de la HistoriOCA como juego y herramienta de estudio y repaso de las raíces históricas de España hasta el reinado de Carlos II.



2 Las Reglas de la historiOCA

La HistoriOCA mantiene la estructura básica del juego de la oca habitual con 63 casillas, en las que se incluyen:
1) Casillas generales que ilustran algún hecho relevante de carácter histórico ordenadas cronológicamente que se resumen en el cuadro 1 y se desarrollan en el siguiente apartado
2) Casillas como las Siete historiOCAS que nos hacen avanzar (de oca en oca) y volver a tirar (y tiro porque me toca) Casillas 9, 18, 27, 36, 45, 54; Dos puentes que nos hacen avanzar (de puente a puente) y volver a tirar (y tiro porque me lleva la corriente) Casillas 9 y 12; Dos dados que nos hacen avanzar duplicando la puntuación del dado que nos hace llegar a la casilla. Casillas 26 y 52; Una posada que nos retiene un turno. Casilla 19; Un pozo en el que caemos hasta que pase otro jugador. Casilla 31; Una cárcel que nos retiene dos turnos. Casilla 52; y Una calavera que nos hace volver a la casilla de salida. Casilla 56.

Cuadro 1. Contenidos de las casillas generales de la HistoriOCA
Época
Período
Número de Casilla y tema
PREHISTORIA
PALEOLÍTICO
01. P. inferior. Homo antecesor
02. P. medio. Homo neandertal
03. P. superior. Cueva de Altamira
NEOLÍTICO
04. La agricultura
LA EDAD DE LOS METALES
05. Cobre. Vasos campaniformes
07. Bronce. Cultura del Argar
08. Hierro. Colonizaciones
HISTORIA ANTIGUA
TARTESSOS
10. Tesoro de El Carambolo
IBEROS
11. Escrituras paleo-hispánicas
CELTAS
13. Campos de urnas
PUEBLOS COLONIZADORES
14. Los Fenicios
15. Los Griegos
16. Los Cartagineses
HISPANIA ROMANA
17. La Romanización
EDAD MEDIA
CAIDA DEL IMPERIO ROMANO
20. Los pueblos germanos
LA CONQUISTA MUSULMANA
21. Batalla del Guadalete
22. El Emirato dependiente
23. Abderramán I
24. Medina Azahara
25. Reinos de Taifas
28. Almorávides y almohades
EL AVANCE CRISTIANO
29. Las Navas de Tolosa
30. San Fernando
32. Castilla
33. Aragón
34. Navarra
35. Portugal
37. El reino nazarí
EDAD MODERNA
LOS REYES CATÓLICOS
38. Isabel y Fernando
39. La monarquía autoritaria
40. La unidad territorial
41. La Inquisición
43. Las Indias
44. Felipe El Hermoso
46. Juana La Loca
LOS AUSTRIAS MAYORES
47. Carlos I de España
48. Carlos V de Alemania
49. Felipe II
50. San Quintín
51. Flandes
55. Los Moriscos de la Alpujarra
56. Batalla de Lepanto
57. Manuel I El Afortunado
59. Desastre de la armada invencible
LOS AUSTRIA MENORES
60. Felipe III
61. Felipe IV
62. Carlos III
CASILLA FINAL
63. LOS BORBONES

3 Base histórica del juego

PREHISTORIA

Como bien indica su nombre, el término Prehistoria hace referencia al periodo de tiempo previo a la Historia, transcurrido desde el inicio de la evolución humana hasta la aparición de los primeros documentos escritos.

Puesto que no existían testimonios escritos, la arqueología toma un papel fundamental ya que constituye el único medio para reconstruir los sucesos de la prehistoria, a través del estudio de los restos materiales dejados por los pueblos del pasado, así como los utensilios, sus monumentos y sus obras de arte.

Abarca el periodo más largo del desarrollo de la humanidad, durante el cual se realizaron los primeros progresos, como son la aparición del lenguaje y la domesticación de animales y plantas.
Este gran periodo se divide en tres etapas: El Paleolítico, El Neolítico y la Edad de Los Metales

PALEOLÍTICO (piedra antigua)

Es el más antiguo y el más largo, con sus orígenes hace 1,3 millón de años. En esta etapa el ser humano utilizaba herramientas elaboradas a base de piedra tallada, hueso y palos. Durante esta época el hombre fue cazador, pescador y recolector, por lo que llevaba una vida nómada. Un hecho imprescindible en esta etapa es la aparición del fuego. Incluye:

Paleolítico Inferior: 1.300.000–90.000. Los restos del Paleolítico inferior se concentran en Atapuerca (Burgos). Es destacable la industria lítica (producción de herramientas de piedra), propia de cazadores, encontrada en el interfluvio del rio Manzanares y el Tajo; y la de las orillas del Guadalquivir. Este es el periodo del Homo antecesor [Casilla 1]. El homo antecesor es una especie extinguida, perteneciente al género Homo, considerada la especie homínida más antigua de Europa. Vivió hace unos 900.000 años. Eran seres altos y fuertes, con rasgos faciales arcaicos, y su cerebro era más pequeño que el del ser humano actual y poseía menos circunvoluciones cerebrales.

Paleolítico Medio: 90.000–35000. Se destaca la selección en la caza y la mejora de los instrumentos, así como su funcionalidad, en la que cada herramienta desempeñaba una función específica. Se destaca Zafarraya como lugar de asentamiento humano desde el neandertal, tal como muestran los restos encontrados en la cueva de dicho localidad. Es el periodo del Homo neandertal [Casilla 2], que es una especie robusta, con extremidades cortas y el tórax ancho. La capacidad craneal de esta especie es superior a la del homo actual, carece de mentón y la frente está baja e inclinada.

Paleolítico Superior: 35.000–6.000. Se produce la complejidad social. Usaban utensilios muy complejos, propios de cazadores. La pintura rupestre toma una gran importancia, destacando las encontradas en la cueva de Altamira [Casilla 3]. Es el periodo del Homo Sapiens, es decir, del ser humano actual.

NEOLÍTICO (piedra nueva) – 6000. a.C

Los hombres del Neolítico aprendieron a pulir la piedra para confeccionar sus utensilios, armas y herramientas. El descubrimiento de la agricultura [Casilla 4] tuvo una gran importancia, lo que significó un proceso de sedentarización, empezando el hombre a construir sus primeras viviendas. También levantaron monumentos megalíticos, como los dólmenes  y los menhires, posiblemente para rendir ciertos cultos. Además, surgió una mayor organización social en la que los hombres que vivían de la tierra se concentraron en grupos cada vez más grandes.

EDAD DE LOS METALES 3000 a.C.

Se divide en tres etapas, según el metal descubierto en cada una de ellas:

Edad del Cobre 3000 a.C: En este periodo se desarrolla la cultura megalítica, en la que destacan los dólmenes, y la de los vasos campaniformes [Casilla 5], que hace referencia a la cerámica en forma de campana. El yacimiento prehistórico de Los Millares (Almería), es conocido como uno de los asentamientos más importantes de Europa de la Edad del Cobre, el cual estaba fortificado con varias murallas.

Edad del Bronce 1700– 00 a.C: Se desarrollan distintas culturas: El Argar, conjunto de poblados situados en zona de fácil defensa (sureste español) [Casilla 7], en los que predominaban las viviendas rectangulares; y la Talayótica (Islas Baleares), cuyos elementos característicos eran las taulas, las navetas y el talayot.

Edad del Hierro 800- 218 a.C: en este periodo se produce una mezcla cultural y se producen numerosas colonizaciones [Casilla 8].

HISTORIA ANTIGUA

En este periodo se produjo un intenso contacto, especialmente en el este y sur peninsular, entre los pueblos indígenas y los denominados pueblos colonizadores históricos. A finales del siglo III a.C. tiene lugar la intervención romana, en el contexto de las guerras púnicas, que dio inicio a un profundo proceso de romanización. Incluye cinco etapas o temas fundamentales: Tartessos, Iberos, Celtas, Pueblos Colonizadores y la Hispania Romana.

TARTESSOS

Tartessos fue el nombre asignado por los griegos a la que consideraron la primera civilización de Occidente. Esta civilización se desarrolló en las actuales Huelva, Sevilla y Cádiz, en la costa suroeste de la Península Ibérica, durante el Bronce tardío y el inicio de la Edad del Hierro (1200 a.C). Los tartessos desarrollaron una lengua y escritura distinta a la de los pueblos vecinos, y en su fase final, tuvieron influencias culturales de los egipcios y fenicios. Se destaca de esta cultura al personaje de Argantonio (670-550 a.C.), el último rey tartésico, único del que se tienen referencias históricas.

Se conoce de esta cultura a través de los textos escritos de los historiadores griegos. La economía de los Tartessos se basaba en la ganadería, la pesca y la agricultura, así como las minas de cobre, plata y estaño. Tartessos es una civilización legendaria característica por su riqueza minera, destacando El Tesoro de El Carambolo [Casilla 10], que es un conjunto de varias piezas oro y alfarería de origen fenicio, que fueron encontradas en 1958 en el municipio Camas, a 3 km de Sevilla.

Tartessos desapareció abruptamente en la historia a partir de la batalla de Alalia en 535 a.C, en la que los cartaginenses y etruscos se alían contra los griegos, y tras la derrota de éstos últimos, los tartessos se quedan sin aliado comercial y expuestos al ataque púnico. En el 500 a.C., la civilizacion tartésica es atacada por los cartaginenses.

ÍBEROS

Iberos fue el nombre que los griegos dieron a los habitantes originarios de la Península Ibérica. Se trataba de diversos pueblos diferenciados cuyos primeros asentamientos en la península se sitúan en torno al 2000 a.C. son considerados los creadores de la gran cultura megalítica sobre la que tantas muestras se conservan aún en España. Esta civilización agrupa pueblos muy diversos, como son los turdetanos, layetanos, bastetanos y edetanos, entre otros.

Uno de los principales testimonios del desarrollo cultural con personalidad propia de los iberos es su lengua, de la que se han encontrado numerosos textos en excavaciones. Se conocen tres tipos de escrituras paleo-hispánicas [Casilla 11]: la escritura del suroeste, la meridional y la ibérica levantina. Sólo la levantina se ha podido descifrar en parte por la existencia de monedas escritas en esta lengua y en latín. Pero en su mayoría, las lenguas iberas, al no estar emparentadas con otra lengua conocida, no se ha podido descifrar aún.

Los íberos ocuparon la zona sur, central y este de la Península. Los íberos nunca alcanzaron una unidad política pues era ajeno a su propia cultura. Se agrupaban en ciudades-estado. Sus principales asentamientos solían tener un tamaño y población de cierta consideración. Estaban fortificadas y disponían de una organización interna de viviendas, calles, espacios comunes, así como otros elementos como edificios públicos, tanto civiles como religiosos. La mayoría estaban situados en lugares elevados que facilitaban su defensa a la vez que aportaban una buena visibilidad del entorno
Su economía se basaba en la trilogía mediterránea: trigo, vino y aceite. Los iberos nos han dejado un arte muy característico en el que destacan sus figuras femeninas, como la Dama de Elche y la Dama de Baza.

CELTAS

En el año 900 a.C. se produce la llegada de un nuevo pueblo indígena, los celtas. Inicialmente permanecieron en el noreste peninsular creándose la cultura de los campos de urnas [Casilla 13]. A lo largo del siglo VII a.C. se expanden hasta el noroeste peninsular, especialmente por las montañas galaicas, astures y leonesas, y los valles del Ebro y el Duero. No existen como un único grupo cohesionado aunque todos ellos tienen características comunes en la organización sociopolítica, los rasgos culturales, las creencias religiosas y el lenguaje. Están formados por los vaceos en el norte de la Meseta; los lusitanos y los vetones en el occidente de la Meseta; y los galaicos, astures y cántabros en el noroeste peninsular.

La población se divide en tres grupos sociales: nobles, libres y esclavos; éstos últimos posiblemente en pequeña proporción y tratándose sobre todo de rehenes capturados en los enfrentamientos militares. Viven en poblados fortificados que se sitúan en lugares fácilmente defendibles, no necesariamente elevados pero que permiten el control del territorio circundante. Sus asentamientos son muy sencillos, sin una clara organización.

Su economía está basada en la ganadería, agricultura, artesanía y metalurgia. De estas actividades destaca la ganadería y el trabajo con los metales, sobre todo con el hierro.

La religión forma una parte fundamental de su existencia. Realizan sacrificios antes y después de la batalla, reservando a los dioses parte del botín tomado al enemigo. Rinden culto a los antepasados y veneran elementos de la naturaleza como el Sol, la Luna, los ríos y los montes, entre muchos otros. También adoran a algunos animales como las serpientes. En cuanto al ritual de la muerte practican la incineración y luego introducen las cenizas en una urna o simplemente en un hoyo.

El fin de esta cultura se localiza en el año 133 a.C., tras ser derrotados por el Imperio Romano.

PUEBLOS COLONIZADORES EN LA PENÍNSULA IBÉRICA

Las migraciones procedentes del Mediterráneo Oriental vienen atraídas por la riqueza de la zona en minerales de oro, plata, y cobre y por las posibilidades comerciales que ofrecía la presencia del mar. Por orden cronológico, las diferentes colonizaciones que se suceden son las siguientes:

Los Fenicios: Su llegada se produje en el año 1104 a.C. Formaron una poderosa comunidad en la zona costera del sur y sureste peninsular. Llegaron procedentes de Tiro (en el Líbano) con la intención de explotar las posibilidades comerciales de la zona, rica en materias primas. En el año 1100 a.C. fundaron la ciudad de Gadir (Cádiz) (1100 a. C.). A continuación establecieron otras colonias mercantiles, como las de Malaka (Málaga) y Abdera (Adra). Todas ellas se organizaban como ciudades-estado y prosperaron gracias al comercio con el mediterráneo oriental por cuyo monopolio lucharon con los griegos. Explotaron los minerales procedentes de las ricas minas en Andalucía (plata, oro, cobre…), así como estaño que obtenían del oeste y norte peninsulares. Además del comercio de metales, se dedicaron además a la pesca y los textiles [Casilla 14].

Los Griegos: Llegaron a la Península sobre el 700 a.C. por las mismas motivaciones que los fenicios. Se asentaron en la costa oriental (Rosas, Denia y Ampurias)y meridional. Su influencia fue grande para los pueblos indígenas de la costa oriental; además dejaron un importante legado en arquitectura (las ruinas de Ampurias), en la cultura y en el arte [Casilla 15].

Los Cartagineses: A comienzos del siglo VII a. C., las colonias fenicias de occidente pasaron a depender de Cartago. Los cartagineses ocuparon las colonias fenicias y fundaron otras nuevas en Ibiza y en otros centros en la costa sur de la península. Cartago había sido derrotada por Roma en el año 241 a. C. en la Primera Guerra Púnica, lo que tuvo importantes consecuencias para la Península: los cartagineses tuvieron que renunciar a sus posesiones en Sicilia, Córcega y Cerdeña y para compensar estas pérdidas, decidieron extender sus posesiones en la Península Ibérica. Cartago conquistó Andalucía y Levante, impulsó la explotación económica –agricultura, pesca y minería –y fundó nuevas ciudades como Cartago Nova (Cartagena), bajo el mando de Asdrúbal, un general cartaginés de la dinastía Bárcidas (245 – 207 a.C.) y hermano de Aníbal, también general considerado uno de los más grandes estrategas militares de la historia. La colonización cartaginesa influyó poderosamente en la religión, cultura y arte de la población indígena y en especial en el uso de la escritura [Casilla 16].

HISPANIA ROMANA

Los Romanos son el primer pueblo que logra dominar militarmente toda la Península Ibérica, que pasa a formar parte del Imperio Romano. Llamaron al nuevo territorio Hispania y, durante los seis siglos de dominación romana, dotaron a los pueblos indígenas de la Península de una nueva lengua, costumbre, religión y ley. A este proceso se le conoce como Romanización y su legado llega hasta nuestros días.

La dominación romana de la península fue consecuencia de la larga rivalidad entre Roma y Cartago por el control del Mediterráneo Occidental. Los romanos también tenían enclaves comerciales en el litoral del mediterráneo español y cuando el general cartaginés Aníbal atacó en el año 219 a.C. la ciudad hispana de Sagunto, aliada de los romanos, éstos declararon la guerra a Cartago: se iniciaba así la Segunda Guerra Púnica (218-202 a.C.). Aníbal con un potente ejército decidió atravesar los Pirineos y los Alpes e invadir Italia hasta llegar a Roma. Los romanos reaccionaron trasladando la guerra a la Península Ibérica. La estrategia de Roma fue sorprendente. Además de intentar frenar al ejército de Aníbal en Italia, decidieron atacar la Península Ibérica para cortarle la principal vía de llegada de recursos materiales y humanos. El plan funcionó y Aníbal se vio obligado a regresar para defender sus posesiones hispánicas sin lograr llegar a Roma. La guerra continuó y el ejército romano conquistó Cartago Nova en el 209 y Gadir en el 206. Con esta última derrota, los cartagineses fueron expulsados de la península y en el año 202 a. C. los romanos al mando de Publio Cornelio Escipión derrotaron a los cartagineses dirigidos por Aníbal en Zama (África) y destruyeron Cartago. La segunda Guerra Púnica terminó, pues, con la victoria total de Roma.

La Romanización [Casilla 17]

La conquista de la Península Ibérica le llevó a Roma más de 200 años. Fue un proceso muy lento e incluso algunas zonas del norte peninsular nunca fueron dominadas. Paralelamente a la conquista se realiza la romanización de la península, es decir, su integración en el sistema político, social, económico, cultural e ideológico romano. Este proceso no afectó a todas las zonas de la península de igual manera. La romanización fue más intensa y rápida en las regiones con mayor cultura: Andalucía y el litoral mediterráneo de la Península; las zonas de la Meseta interior se romanizaron más lentamente; y las áreas más atrasadas del norte (la zona cántabro-pirenaica), como hemos dicho, apenas fueron dominadas y, en consecuencia, tampoco romanizadas.
Se define la romanización como el proceso civilizador por los romanos impusieron su forma de vida a los pueblos peninsulares. Los rasgos que marcan la romanización son:

El latín sustituyó a las lenguas indígenas excepto al euskera, que es la única lengua prerrománica que ha llegado hasta nuestros días.
Se adoptó el sistema social romano, basado en la familia patriarcal.
Se extendió el sistema económico romano basado en el trabajo de los esclavos y en el uso de la moneda. Hispania se convirtió en una importante fuente de recursos para los romanos.
Se modernizaron la agricultura y la explotación ganadera. Los romanos introdujeron nuevas técnicas que mejoraron la producción (el arado romano, el cultivo con barbecho y las modernas acequias para el regadío). Los cereales, la vid y el olivo fueron los cultivos principales. Destacaron los rebaños de vacas en el valle del Guadalquivir, los caballos en Lusitania (Portugal) y las ovejas de la Meseta.
El principal objeto de atención de Roma fueron las minas hispanas: cobre en Huelva, plomo en Cartagena, plata en Sierra Morena y Cartagena, y las de oro en Las Médulas (León).
La artesanía fue impulsada y se concentró en las ciudades.
La estabilidad política, la red de comunicaciones, la división del trabajo y la generalización de la moneda (el denario de plata) favorecieron el comercio, que en los primeros siglos de dominación romana alcanzó una extraordinaria importancia.
Las religiones indígenas se adaptaron a la religión romana y sus dioses.
Otro elemento de romanización fue el ejército. Las tropas romanas extendieron las ideas y costumbres romanas. Los indígenas reclutados para las tropas auxiliares también se convirtieron en agentes de romanización. El ejército, por otra parte, cumplió un papel importante en la romanización al participar en la construcción de la red de carreteras que ponía en comunicación los centros urbanos de la península.

Hispania se convirtió en la principal provincia romana, la más rica, la que aportó a Roma sus mejores soldados e infinidad de recursos. De hecho, los hispanos recibieron las ciudadanía romana, un privilegio que da fe de la importancia que tuvo Hispania dentro del mundo romano. Hispania también aportó hombres importantes de la enseñanza, la literatura y el arte. El filósofo Séneca, los poetas Lucano y Marcial y el retórico Quintiliano nacieron en Hispania.

A finales del siglo I d. C. Hispania ya se había romanizado profundamente.

LA EDAD MEDIA

CAÍDA DEL IMPERIO ROMANO Y COMIENZO DE LA EDAD MEDIA

Tras varios siglos de presencia en la península Ibérica, el Imperio Romano experimentó en el siglo III d. C. una profunda crisis económica, política y social. La debilidad de su poder posibilitó la progresiva penetración de pueblos bárbaros en la Península y su posterior asentamiento en ella, lo que producirá en el 476 el fin del dominio romano en la península y el cambio de la Antigüedad hacia la Edad Media.

En el 409 Hispania sufre las invasiones de tres pueblos germánicos [Casilla 20]: suevos, vándalos y alanos, estos últimos de origen asiático, que, después de saquear el país, se establecen en él.

El gobierno central romano, incapaz de frenar estas invasiones, utiliza los servicios de un pueblo germánico aliado, los visigodos, para liberar Hispania de las invasiones. Los visigodos entran en Hispania en el 416 y expulsan a vándalos y alanos, la actual Galicia quedó en manos de los suevos. Cumplida su misión se retiraron de la península para establecerse en el sur de la Galia (Francia), con su capital en Tolosa (Toulouse), desde donde vigilan y protegen las tierras hispanas. Años más tarde, los francos, pueblo germánico en proceso de expansión por las Galias (actuales Francia, Bélgica, el oeste de Suiza y zonas de los Países Bajos y Alemania al oeste del Rin), derrotan a los visigodos en Vouillé (507), y los obligan a desplazarse hacia el sur, de manera que se trasladaron definitivamente a Hispania. Después de una etapa de avance territorial hacia el interior de la península y de guerra civil, establecen la capital del reino visigodo en Toledo (554).

Importantes pasos en orden a la consolidación del reino visigodo de Hispania los dio el monarca Leovigildo, el cual, en el año 585, puso fin al reino suevo de Gallaecia, tras derrotar a su rey Mirón. Éste, en cambio, tuvo serios problemas con su hijo Hermenegildo, el cual abrazó el catolicismo, lo que suponía dejar el arrianismo, corriente heterodoxa a la que se había adscrito, años atrás, el pueblo visigodo. No obstante, unos años más tarde, en el año 589, su hijo y sucesor en el trono, Recaredo, lograba la unificación religiosa, al abandonar, en el III Concilio de Toledo, la herejía arriana y aceptar el catolicismo.

Un gran paso en cuanto a la unificación total de la península tuvo lugar a mediados del siglo VII con el monarca Recesvinto, al promulgar, en el año 654, el Líber Iudicum, texto más conocido como el Fuero Juzgo, el cual se basaba en los Principios del Derecho romano. Dicho texto suponía la unificación jurídica, a todos los efectos, entre la población hispanorromana y los visigodos.

En la Hispania visigoda predominaba el mundo rural, en tanto que la vida urbana había entrado en una fase de declive. La estructura de la sociedad reproducía fielmente el esquema de la época romana. El sector dominante, del que formaban parte tanto la vieja aristocracia hispanorromana como los nobles visigodos, se caracterizaba por la posesión de grandes territorios. El sector popular incluía a los artesanos y a los pequeños comerciantes de las ciudades y, básicamente, al campesinado, la mayor parte del cual trabajaba como colono en los grandes dominios de los poderosos o de la Iglesia. Los eran labradores que cultivaban y labraban una heredad por arrendamiento y solían vivir en ella.
Es importante destacar también de este gran reino las manifestaciones artísticas, en especial las de carácter arquitectónico. La arquitectura visigoda no posee características rígidas y constantes, sino que se trata de una serie de elementos que están presentes, como el arco en herradura, la bóveda de cañón, la sillería encajada sin mortero y la techumbre de ladrillo.

El estilo visigodo se conforma con unos cuantos elementos genéricos, como la organización de la planta en naves paralelas o en cruz, el empleo del arco en herradura, y una personalidad propia y diferente de otros países.

Las iglesias visigodas están construidas con bloques de piedra de gran tamaño, recortados en planos rectos, que encajan por juntas verticales o inclinadas, sin necesidad de formar hiladas de igual altura, y sin necesidad de mortero, la estabilidad se consigue por el ajuste de los sillares. Cabe destacar de esta arquitectura: La iglesia de San Martin de Orense; Construcciones de Wamba, Toledo, Iglesia de Santa Eulalia; Baptisterio de San Juan de Mérida; Iglesias de Santa Leocadia, Toledo, y de San Félix en Córdoba.

Tras muchos años de éxito y dominio en la península, las últimas décadas del siglo VIl y la primera del VIII fueron testigo de una profunda crisis en la España visigoda. La peste causó gran mortandad en el año 693, y las malas cosechas confluían con el incremento del bandolerismo, así como con la imparable decadencia de la moralidad. Numerosos campesinos, agobiados por la creciente presión fiscal, huían de sus tierras. La minoría judía, por su parte, fue objeto de drásticas medidas persecutorias.

Además de estos problemas, fueron constantes las guerras civiles. La monarquía visigoda seguía siendo débil debido a las luchas por el poder. Las potencias extranjeras (bizantinos, suevos y francos) participaban en estas luchas para apoyar a los rebeldes. La monarquía no podía dominar a los nobles, que se rebelaban continuamente. Cuando murió el rey Witiza (710), los nobles formaron dos bandos, uno a favor de los hijos de Witiza y otro seguidor del noble don Rodrigo, duque de la Bética. Cuando don Rodrigo fue finalmente elegido rey, los partidarios de Witiza pidieron la ayuda de los musulmanes del norte de África para derrotar a Don Rodrigo y recuperar el poder. Con la ayuda musulmana vencieron a las tropas del rey Don Rodrigo en la batalla del Guadalete en el 711 [Casilla 21].

El problema fue que los musulmanes tenían otro plan: no se contentarían con la compensación por la ayuda prestada sino que viendo la debilidad de los visigodos decidieron hacerse con el poder en todo el territorio, algo que lograron con relativa facilidad. Comienza de este modo una nueva etapa en la historia de España. La península pasó a llamarse Al-Andalus y la ocupación musulmana se prolongó durante casi ochocientos años.

CONQUISTA MUSULMANA

A principios del siglo VIII los árabes-musulmanes, que ya dominaban todo el norte de África, iniciaron la conquista de la Península Ibérica, puente de entrada a Europa. La debilidad de los visigodos les permitió apoderarse fácilmente del territorio peninsular, donde crearon un estado que recibió el nombre de Al-Andalus y que se mantuvo durante ocho siglos, desde el año 711 hasta 1492. La conquista musulmana se divide en cuatro etapas.

EL EMIRATO DEPENDIENTE (711-756). Entre 711 y 756, Al Andalus fue un valiato, esto es, una provincia del califato de Damasco dirigida por un valí o gobernador. En este período, Córdoba se convirtió en la capital política de Al-Andalus. Los aspectos más relevantes de esta primera fase fueron: la continuación de la expansión hasta el 732 [Casilla 22], los primeros enfrentamientos internos entre las principales facciones de la aristocracia árabe (qaysíes y yemeníes) y los conflictos con los bereberes (musulmanes pero no árabes). El malestar bereber, tanto en el norte de África como en Al-Andalus giraba en torno a dos problemas: los elevados impuestos y la adjudicación de las peores tierras a los bereberes, ambos fueron la causa de sucesivas revueltas e inestabilidad. El acontecimiento que pone fin al periodo es el cambio político sucedido en el mundo árabe-musulmán en el 750: la caída de la dinastía de los Omeya en Damasco y su sustitución por la dinastía de los Abasíes. El único miembro superviviente de la dinastía derrocada, Abderramán huyó a Al-Aldalus, se adueñó del poder y proclamó un emirato independiente.

EL EMIRATO INDEPENDIENTE (756-929). Abderramán I [Casilla 23] fundó el Emirato de Córdoba, independizándose política y administrativamente del Califato de Damasco, aunque mantuvo con el mismo una unidad religiosa y cultural. Se creó un ejército mercenario y permanente compuesto por tropas de todas las etnias más un núcleo de esclavos extranjeros. Este ejército realizó aceifas o expediciones militares de castigo contra los reinos cristianos del norte. Pero este fortalecimiento del Estado islámico se encontró con dos limitaciones: la organización centralizadora, lo que origino revueltas en Zaragoza, Toledo y Mérida; y los problemas sociales con la población muladí y mozárabe, por el aumento de la presión fiscal y el empeoramiento de las relaciones entre cristianos y musulmanes. La inestabilidad política, la creciente debilidad del poder central y el avance cristiano hicieron necesario un cambio de rumbo en la historia de Al-Andalus que llegaría con el Califato.

EL CALIFATO DE CÓRDOBA (929-1031). La llegada al poder del emir Abderramán III (912-961) provocó un cambio en la dinámica política anterior que amenazaba con la disgregación de Al-Andalus. En veinte años consiguió someter todo el territorio andalusí y frenar el avance cristiano por la meseta norte. En 929, tras eliminar la oposición de sus enemigos internos se proclamó califa, es decir, jefe religioso y príncipe de los creyentes. Abderramán III trabajó en dos aspectos fundamentales: la pacificación del y, de nuevo, el fortalecimiento de la estructura del Estado en los aspectos fiscal, político y militar. De este modo, se inauguró el Califato de Córdoba, la etapa más brillante de la historia de Al-Andalus [Casilla 24], en especial durante el reinado de Al-Hakam II, hijo y sucesor de Abderramán III. La última etapa del Califato la protagoniza la figura de Almanzor que consiguió monopolizar el poder y establecer una dictadura militar basada en los éxitos militares contra los reinos cristianos (Barcelona y Santiago). Su autoridad garantizaba el orden y equilibrio entre árabes, bereberes y eslavos, pero su muerte en año 1002 inició el proceso de descomposición política que llevó al fin del Califato en el 1031.

LOS REINOS TAIFAS (1031-1090). En 1031, se formalizó la desaparición del Califato de Córdoba y comenzó el proceso de formación de los reinos de taifas [Casilla 25], Estados independientes, muchos de los cuales tuvieron una existencia pasajera. Este mapa político tan fragmentado refleja las profundas divisiones étnicas y políticas de la sociedad andalusí. Esta situación debilitó Al-Andalus y fue aprovechada por los reinos cristianos, los cuales se situaban en la zona cantábrica pues era la única zona no ocupada por los musulmanes, para reforzar su poder militar y avanzar en territorios, lo que les llevó a la ocupación de Toledo (1085) por Alfonso VI de Castilla. Ante la amenaza del creciente expansionismo cristiano, algunas taifas buscaron la ayuda de los almorávides [Casilla 28], que eran bereberes del norte de África que habían consolidado un poder importante en la zona. Las subidas de impuestos y su ortodoxia religiosa terminaron generando revueltas internas y fragmentación política. Hacia el año 1147, tuvo lugar la invasión almohade, nuevo imperio islámico norteafricano, que ocupó Al-Andalus y amenazó gravemente a los reinos cristianos. Este nuevo imperio derrotó en Alarcos (1195) a Alfonso VIII de Castilla, pero, años después, en 1212, tuvo lugar la victoria cristiana en  as Navas de Tolosa (1212) [Casilla 29], clave en el proceso de la Reconquista cristiana. Esto llevó a la pérdida de Córdoba en 1236 la división de los dominios musulmanes en los reinos de Murcia, Valencia y Granada.

EL AVANCE CRISTIANO

Ante el AVANCE CRISTIANO fueron sucumbiendo todos los reinos musulmanes, excepto el de Granada bajo la dinastía árabe de los Nazaríes, que logró sobrevivir aunque sometido al vasallaje de Fernando III [Casilla 30], rey de Castilla y León. Finalmente, los Reyes Católicos, Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla, iniciaron una guerra de conquista (1482-1492), que concluyó con la incorporación definitiva del reino de Granada a la Corona de Castilla y, por tanto, el fin de la Reconquista cristiana.

Al final de la Edad Media, la península estaba repartida en cuatro reinos cristianos: Castilla [Casilla 32], Aragón [Casilla 33], Navarra [Casilla 34] y Portugal [Casilla 35] y el reino musulmán de Granada [Casilla 37].

EDAD MODERNA

Se considera el inicio de esta época histórica el año 1492 a causa del descubrimiento de América, así como el final de la Reconquista. El inicio de esta época se ve marcado por la llegada de los Reyes Católicos.

LOS REYES CATÓLICOS

Reyes Católicos les fue concedido por el papa Alejandro VI, tras la Reconquista del reino de Granada. Ambos monarcas representan el ejemplo de monarquía autoritaria, que son las que caracterizan el inicio de la Edad Moderna.
El reinado de los Reyes Católicos supuso la definitiva unificación de Castilla y Aragón, primer paso hacia la construcción de una monarquía hispánica. Ponen fin a la Reconquista con la toma de Granada, con lo que se fortalece el poder real frente a instituciones o sectores sociales que durante la Edad Media lo habían limitado. Un ejemplo de esto es la victoria de la monarquía sobre la nobleza en Castilla. A la vez, se inician nuevas conquistas territoriales en el Mediterráneo y en el norte de África, y la aventura ultramarina con el descubrimiento de América desde 1492. La nueva monarquía, al contar con un territorio más amplio y un mayor poder político, pudo poner las bases económicas y político-administrativas de un Estado nuevo, influenciado por diversos factores:

La creación del Estado Moderno: la monarquía autoritaria y la unión de las coronas de Castilla y de Aragón [Casilla 38]. El matrimonio (1469) de los herederos de las dos Coronas-Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón- hizo surgir la monarquía hispánica, que es una unión meramente dinástica de los dos reinos, en la que cada reino seguía conservando sus propias leyes, moneda e instituciones tradicionales.

La unidad territorial. Los Reyes Católicos llevan a cabo una política de unidad territorial [Casilla 39], conquistando territorios que hasta entonces no formaban parte de Castilla o de la Corona de Aragón, pero que si les pertenecieron en tiempos pasados. Castilla puso fin a la Reconquista y se anexionó el reino de Granada en 1492, último espacio que quedaba de la conquista musulmana de la Península Ibérica. En 1493 logran la entrega por Francia de los territorios del Rosellón y de la Cerdaña, que siempre habían formado parte de Cataluña. Por último, Fernando el Católico, siendo regente de Castilla, en 1512, cuando ya no vivía Isabel, logró la conquista de Navarra, incorporándola a Castilla. Llevaron a cabo una política interior en la restablecieron el orden y la ordenación del Estado, sometiendo a la nobleza, clero y burgueses levantiscos que se negaban a aceptar el poder absolutista de los reyes. Muchos nobles fueron expugnados (se les quitaron las defensas: torres mochas) [Casilla 40], el clero fue sometido por Fernando el Católico al patronato, derecho que permitía al rey presentar a Roma la lista de los cargos eclesiásticos más importantes, garantizando la sumisión de este importante grupo social, y los burgueses fueron controlados por la figura del corregidor (representante del rey en el gobierno municipal), que tenía como misión que los acuerdos aprobados no atentaran contra los intereses y las leyes de la monarquía.

La unidad religiosa. Cuando los Reyes Católicos acceden al poder, en España se practicaban tres religiones: la cristiana, la musulmana y la judía. Los Reyes Católicos decidieron unir sus territorios sobre la base de una sola religión: la cristiana. En 1492, tras la conquista de Granada, los monarcas firmaron un decreto por el que los judíos tenían que convertirse obligatoriamente al cristianismo, de lo contrario, tenían que salir de sus reinos. Además, para determinar la sinceridad o no de las conversiones se creó la Inquisición [Casilla 41]. Miles de judaizantes fueron condenados y otros huyeron de España. Los musulmanes, que vivían en tierras conquistadas por los cristianos a lo largo de la Edad Media (mudéjares), eran muy abundantes en la Corona de Aragón y menor en la de Castilla. Sin embargo, tras la conquista de Granada, su número creció pero su religión era respetada. En cambio, en 1499 se anularon estas medidas con el objetivo de lograr una cristianización rápida, pero el resultado fue contrario y los musulmanes granadinos se sublevaron (1499), rebelión que fue reprimida viéndose obligados al bautismo o la emigración (1501). Los musulmanes convertidos al cristianismo recibían el nombre de moriscos, bautizados, cristianos nuevos, pero islámicos en su fe profunda y en sus costumbres culturales. En 1502, los monarcas obligaron a todos los mudéjares castellanos, como acababan de hacer con los granadinos, a elegir entre el bautismo o la expulsión.

La política exterior. Con los Reyes Católicos la política exterior española adquiere mayor importancia y logra grandes éxitos: 1) El Mediterráneo: En Italia se conquista el reino de Nápoles, entrando en guerra con Francia, también interesada en este reino. En el norte de África se ocupa  Melilla (1497), 2) El Atlántico: Se logra la definitiva conquista de las Islas Canarias y, en 1492, con el descubrimiento de América, se iniciaba una etapa de descubrimiento y de conquista en este nuevo [Casilla 43], y 3) La política matrimonial. Tuvo un doble objetivo: primero, la unidad peninsular, a través de enlaces con la corona portuguesa; segundo, el aislamiento de Francia, al ser el país que se oponía a nuestra política en Italia. La unión de Aragón y Castilla supuso una política exterior única y un cambio en la tradicional orientación de la política exterior castellana, basada en la amistad con Francia. Los casamientos de los hijos de los Reyes Católicos fueron los siguientes:

Isabel de Aragón, casada con el infante Alfonso de Portugal, y después con Manuel I de Portugal, primo de su primer esposo. Este matrimonio los vinculó con el Reino de Portugal.
Juan de Aragón, casado con Margarita de Austria, hija del archiduque Maximiliano de Austria, (Sacro Imperio Romano Germánico) y de María de Borgoña, duquesa de Borgoña. Juan murió prematuramente en 1497. Este matrimonio los emparentó al Sacro Imperio Romano Germánico y al Ducado de Borgoña.
Juana, apodada la Loca, se casó con Felipe de Austria, apodado Felipe el Hermoso [Casilla 44], hijo del emperador Maximiliano I de Habsburgo de Austria. Este enlace los emparentó nuevamente con el Sacro Imperio Romano Germánico.
María de Aragón, casada con Manuel I de Portugal, su cuñado, al morir su hermana Isabel.
Catalina de Aragón, se casó con el príncipe heredero de la Corona de Inglaterra, Arturo Tudor, quien fue el hijo mayor de Enrique VII de Inglaterra, y tras la prematura muerte de éste, con su hermano menor, el nuevo rey Enrique VIII de Inglaterra. Estos matrimonios los entroncaron con el Reino de Inglaterra.

El final del reinado. Isabel la Católica falleció en 1504. En ese momento la heredera a la corona era su hija Juana [Casilla 46], que por entonces se encontraba en los Países Bajos con su marido, Felipe el Hermoso. En tanto la pareja estuviera ausente, según el testamento de la reina Isabel, debía permanecer como regente en Castilla Fernando el Católico. Pero, en 1506, vienen a España Juana y Felipe el Hermoso; sin embargo, a los pocos meses fallecía Felipe el Hermoso y Juana la Loca, que ya venía dando muestras de trastornos mentales, con el fallecimiento de su marido aquéllos se acentuaron. Por este motivo Fernando el Católico, que se encontraba en Nápoles, regresó a Castilla convirtiéndose otra vez en regente. La corona española recaía a la muerte de Fernando en su nieto Carlos I de Austria, dando comienzo a una nueva dinastía en España, los Austrias.

LOS AUSTRIAS

La Casa de Austria es el nombre con el que se conoce a la dinastía Habsburgo, que reinó en España en los siglos XVI y XVII; desde la proclamación como rey de Carlos I de España en 1516, hasta la muerte sin sucesión directa de Carlos II el Hechizado (1 de noviembre de 1700), que provocó la Guerra de Sucesión Española.

Los Austrias se dividen en dos subgrupos, Austrias Mayores y Menores. Durante los llamados Austrias mayores (Carlos I y Felipe II), la monarquía alcanzó el apogeo de su influencia y poder. Sin embargo, los reinados de los llamados Austrias menores (Felipe III, Felipe IV y Carlos II), coincidentes con lo mejor del Siglo de Oro de las artes y las letras, significaron lo que se conoce como "decadencia española": la pérdida de la hegemonía europea y una profunda crisis económica y social.

AUSTRIAS MAYORES:

CARLOS I (1516-1556) [Casilla 47]: Hijo de Juana la Loca y Felipe el Hermoso y por tanto nieto de los Reyes Católicos y de Maximiliano de Austria.  Su política se basaba en la conservación de un imperio católico. Esta política se ve condicionada por las influencias del Sacro Imperio Romano-Germánico. Esto le lleva a una lucha contra protestantes que se separaron de la Iglesia Católica y contra franceses por la conquista de territorios italianos. En 1519, falleció su abuelo Maximiliano I, y Carlos fue elegido también emperador, con el nombre de Carlos V [Casilla 48].

FELIPE II (1556-1598) [Casilla 49]. Hijo y heredero de Carlos I de España e Isabel de Portugal. Fue el monarca más poderoso de su tiempo. Su política siguió los mismos principios que la de su padre, es decir, luchar contra los enemigos del catolicismo: los protestantes y los musulmanes. Se destacan numerosos hechos de su reinado:

Batalla de San Quintín (1557). Las tropas de España y del Sacro Imperio derrotan a las tropas francesas [Casilla 50].
Guerra de Flandes (desde 1566). Las provincias del norte de los Países Bajos españoles, que eran protestantes, se sublevan contra Felipe II. Comienza una guerra que durará más de ochenta años. En 1579, esas provincias pasan a llamarse Provincias Unidas [Casilla 51].
Rebelión de los moriscos (1568-1571). Los moriscos de la Alpujarra de Granada se sublevan. Tres años después, esta rebelión fracasa [Casilla 55].
Batalla de Lepanto (1571). Una flota de diversas naciones cristianas, la Liga Santa, liderada por España, derrota a los barcos del Imperio otomano [Casilla 56].
Incorporación de Portugal (1581). Felipe II, nieto del rey portugués Manuel I el Afortunado [Casilla 57], reclama el trono de este reino y lo incorpora a sus dominios.
Desastre de la Armada Invencible (1588). En 1585, Inglaterra decide ayudar a las Provincias Unidas en su guerra contra España. La reacción de Felipe II es intentar invadir Inglaterra. Forma  para ello una gran Armada, la cual acaba en fracaso [Casilla 59].

AUSTRIAS MENORES

FELIPE III (1598-1621) [Casilla 60]. Hijo de Felipe II, logra un periodo de tranquilidad exterior con la Paz con Inglaterra (1604) y la Tregua de los Doce Años en las guerras de Flandes (1609), sin embargo, apoyará a los parientes de Viena (los Habsburgo) en la Guerra de los Treinta Años (1618-1648).

FELIPE IV (1621-1665) [Casilla 61]. Su reinado estuvo dominado por la figura del Conde-duque de Olivares durante gran parte del reinado. Tuvo que hacer frente a revueltas en Cataluña y Portugal en 1640. En 1648 firma el Tratado de Münster, poniendo fin a la guerra de los Países Bajos. España reconoció en este documento la independencia de las Provincias Unidas. Además, se pone fin a la guerra con Francia con la Paz de los Pirineos en 1659, en la que España pierde territorios. A partir de aquí, España inicia su periodo de decadencia, perdiendo así la hegemonía mundial.

CARLOS II (1665-1700) [Casilla 62]. Hijo de Felipe IV. El proceso de decadencia española culminó durante su reinado. España reconoce la independencia de Portugal en 1668. España deja de ser la principal potencia de Europa, y es superada por Francia. Carlos II, que muere en 1700 sin descendencia, deja como heredero a Felipe de Anjou (Felipe V), nieto de Luis XIV de Francia y de María Teresa de Austria, pasando la corona de España así a otra dinastía: LOS BORBONES [Casilla 63].

BIBLIOGRAFÍA Y ENLACES CONSULTADOS

LIBROS DE TEXTO

ALVÁREZ, L.; AROSTEGUI, J. GARCÍA, M.; GATELL, C.; PALAFOX, J.; RISQUES, M. (2014). Historia de España. Andalucía. Editorial Viecens Vives, Bachillerato.
NIETO, J. (2002). Historia de España. De Tartessos al siglo XXI. Editorial LIBSA, S.A.
POA, P. (2010). Nueva Historia de España. De la II Guerra Púnica al siglo XXI. Editorial La Esfera de los Libros S.L.

SOBRE EL JUEGO DE LA OCA

PREHISTORIA

EDAD ANTIGUA

Hispania romana

EDAD MEDIA
Caída del Imperio Romano

Conquista musulmana

EDAD MODERNA