martes, 11 de agosto de 2020

Patrimonio Cultural al Este de Sevilla (II)

 Como casi todo lo que concierne al patrimonio urbano de Sevilla, todo empieza aquende de la muralla y acaba en el templete de la Cruz del Campo. La Guía Monumental de la gerencia de Urbanismo [1] nos dice que “Sevilla cuenta con un valioso y significativo patrimonio urbano repartido por sus calles y plazas. Entre sus esculturas, fuentes ornamentales, retablos o placas conmemorativas, podemos contemplar excepcionales obras artísticas y advertir un profundo valor etnológico enraizado en diversas tradiciones sevillanas”.

Guía (Digital) de Monumentos de Sevilla [1]

Un total de 54 esculturas, 16 fuentes y 24 retablos constituyen este patrimonio mobiliario, amplio y extendido por la Vieja Sevilla, pero olvidado y ausente en los barrios y distritos de la Nueva Ciudad. Del patrimonio olvidado quedó fuera de la guía un monumento que ayer congregó a la flor y nata de lo política local y el andalucismo en torno a la figura de Blas Infante; del ausente, esculturas, retablos y fuentes brillan por su ausencia.

Quizás piense el consistorio que en estos nuevos barrios no hay espacio para el ornato, que no existen figuras simbólicas o personajes históricos a los que dedicar una escultura, tampoco retablos o placas, y que con en el agua ya tiene bastante monumento y trabajo con las obras recurrentes de mantenimiento de la red de abastecimiento.

Esculturas del Patrimonio Mobiliario de Sevilla [1]

En esta parte de la ciudad, la Nueva Sevilla, la política cultural se antoja limitada al ámbito de la animación sociocultural, con una oferta recurrente de talleres y festivales más orientados al ocio y entretenimiento que al desarrollo de valores identitarios, artísticos o patrimoniales.

Se desconoce la historia local, y de la que algo se sabe no se reconoce ni se hace propia, ni por la ciudadanía ni por las administraciones que a nivel municipal o regional tienen las correspondientes competencias y tareas.

Fuentes del Patrimonio Mobiliario de Sevilla [1]

Desde Sevilla Patrimonio reivindicamos para la Nueva Sevilla líneas de intervención cultural complementarias (y por tanto necesarias) en materia de patrimonio, sea material o inmaterial, mueble o inmueble, que permitan profundizar en los elementos de carácter arquitectónico, industrial, etnográfico y documental que esperan ser descubiertos o simplemente desempolvados de los archivos y fototecas municipales.

Aprovechemos eventos como los de ayer con motivo del recuerdo a Blas Infante para mostrar el patrimonio y por tanto la historia de esta parte de Sevilla repleta de personajes ilustres de la Vieja y que de una u otra forma contribuyeron a levantar la Nueva. Ahí quedaron los caballeros y herederos del Repartimiento, ilustres de Sevilla como Arias Montano, los mercaderes franceses y holandeses que levantaron sus haciendas, las hermandades de caridad y trinidad, el alto clero de Sevilla y sus cortijos; pero también los primeros capítulos de la historia de la modernización y transformación del campo andaluz, la aviación y si se quiere, también figuras tan flamencas, taurinas y costumbristas como Joselito El Gallo e Ignacio Sánchez Mejías.

Retablos del Patrimonio Mobiliario de Sevilla. Fuente: [1]

Desde Sevilla Patrimonio seguiremos en nuestro empeño de dar visibilidad a esta Nueva Sevilla y animar a la acción compartida entre la iniciativa ciudadana, pública y privada para la salvaguarda de su patrimonio cultural.

[1] Guía de Monumentos de Sevilla. Gerencia de Urbanismo


lunes, 10 de agosto de 2020

El Cortijo de Hernán Cebolla o de La Gota de Leche

Son contados los días del año en los que la Sevilla Antigua se pasea por las calles o plazas de la Nueva, aquella al este que creció más allá de la Cruz del Campo sobre tierras de huertas, cortijos y dehesas. Hoy es uno de esos días extraños en los que uno de los últimos ensanches de la ciudad se viste de gala y crespón negro para recordar el fusilamiento de Blas Infante.

Cortijo de Hernán Cebolla o de La Gota de Leche

Se hablará mucho del Padre de la Patria Andaluza, de su muerte y circunstancias, incluyendo el Cortijo de Hernán Cebolla como escenario trágico de aquellos días, hoy declarado Bien de Interés Cultural como Sitio de la Memoria Histórica e incluido en el Catálogo Periférico del PGOU con escaso desarrollo. De su historia y memoria, la del “cortijo”, nos ocupamos hoy a modo de introducción de próximas entradas.

Pabellón del Aceite. Exposición Iberoamericana. Fuente: ABC 29/07/1982.

Poco sabemos del personaje histórico que da nombre el “cortijo”. Hernán Cebolla o Cebollilla, fue padre de Alonso Fernández Cebollilla, uno los valerosos sevillanos que siguieron a D. Alonso Pérez de Guzmán a Marruecos en 1276 [1] y acompañaron en 1288 a Doña María Alonso Coronel a España [2]. De su memoria quedó la heredad de Hernán Cebolla, bien nombrada en la comarca según Zúñiga.

La Gota de Leche y su entorno. 1950s

Las tierras de Hernán Cebolla se extenderían por buena parte de las barriadas del actual Distrito Norte de Sevilla y el barrio de Sevilla Este, incluyendo la Hacienda de Campo Rico, cuyo propietario en 1869, el duque de Luque se refiere a Campo Rico y Hernán Cebolla como una única propiedad [3]. Aparecen también como propietarios de al menos parte de las tierras de Hernán Cebolla otros personajes ilustres de Sevilla como Ignacio Sánchez Mejías e Ildefonso Marañón y Lavín, que tanto tuvieron que ver con los orígenes del Viejo y Nuevo Aeropuerto, y los barrios de Alcosa y Sevilla Este.

La Gota de Leche y su entorno. 1970s

Del “Cortijo” poco que decir, pues de cortijo, cortijo como los del entorno y la arquitectura popular, parece tener poco. Según Abel Infanzón [4] el edificio sería obra de Vicente Traver y Tomás, autor también de otros edificios singulares de la Vieja Sevilla como el Casino de la Exposición, iglesias de Corpus Christi o los Almacenes de Banesto, entre otros. Se inspiraría Traver para este proyecto en uno de los edificios emblemáticos de la arquitectura blanca de Juan Talavera, el desaparecido Pabellón del Aceite de la Exposición Iberoamericana. El edificio se construyó entre 1929 y 1930, colocando la primera piedra la mismísima reina Victoria Eugenia un 2 de noviembre de 1929 a las cuatro de la tarde, hora extraña para una jornada regia [5].

La Gota de Leche y su entorno. 2010s

No sabemos si hubo un cortijo anterior que llevará el nombre de Hernán Cebolla sobre la finca en la que se alza el edificio actual, que sí consta como Huerta de Clarisas de Sevilla y sede de la Institución Benéfica de la Gota de Leche. El único edificio que toma el nombre del personaje es la Casa o Hacienda de Hernán Cebolla a poco más de 2 km. De esta edificación nada queda salvo los restos del aljibe y pozo de su huerta frente al Palacio de Congresos de Sevilla, víctima como la Hacienda de Buena Esperanza de la piqueta en aras del nuevo Polígono Residencial Aeropuerto de los 80 del pasado siglo, hoy Sevilla Este [6].

 

[1] Anales eclesiásticos y seculares de la muy noble y muy leal ciudad de Sevilla que contienen sus más principales memorias desde el año de 1246 hasta el de 1671 formados por Diego Ortiz de Zúñiga. Madrid, Imprenta Real 1677. Libro I. página 113.

[2]  Libro I. página 145.

[3] Documentación relativa a la reclamación presentada por Cristóbal Fernández de Córdoba Rojas, VIII conde de Luque, contra el deslinde practicado en la vereda llamada de Carne o Cordel, que atraviesa la hacienda de Campo Rico en Sevilla, de su propiedad. 1869.

[4] ABEL INFANZÓN. El cortijo de Hernán Cebolla o Gota de Leche, de Vicente Traver. ABC de Sevilla (29/07/1982).

[5] La Vanguardia (03/11/1929).

[6] SEVILLA PATRIMONIO (2020). Patrimonio Cultural al Este de Sevilla.


 

domingo, 26 de julio de 2020

Patrimonio cultural al Este de Sevilla

Fiel a su destino de ciudad capital y metropolitana, Sevilla saltó la muralla para reconvertir huertas en nuevas parroquias y barriadas. Abatidas sus murallas en aras de la modernidad, la ciudad siguió creciendo como mancha de aceite en forma de nuevos espacios para el vivir o el trabajar y lograr así el sueño de la industrialización. En este proceso de ensanche general y en particular en su vertiente oriental, surgieron barrios y polígonos industriales sobre antiguas tierras de olivar, viña, cereal y dehesas.

Glorieta de las Brigadas Internacionales. Restos de la Huerta Hernán Cebolla
Hoy, una ciudad empeñada en no ver más allá de la muralla y el fielato de la Cruz del Campo, o en el mejor de los casos victima de la mirada miope hacia su arrabal más temprano y monumental del catálogo regionalista de su entorno cercano, no es capaz de mirar y menos reconocer, una parte de su historia y su cultura, por negar la de barrios como Amate, Su Eminencia, Palmete, Alcosa, Torreblanca o Sevilla Este, entre otros.

Esta parte de la ciudad, o mejor dicho, de la historia de Sevilla, por nacer en la baja cuna de la distancia fue en su día juzgada y sentenciada por el Santo Tribunal a una doble condena: la del estigma de su desarrollo imposible y la del olvido. Los que vivimos al oriente, portamos así como muestra de nuestra pena doble sambenito, el de la miseria o la desarticulación de la trama urbana según barrios, y el del vivir más al oeste de Córdoba que al Este de Sevilla.

Nunca es tarde para presentar el correspondiente recurso extraordinario por nueva prueba y romper cadenas. Allende de la muralla y los ensanches, en esta Nueva Sevilla queda mucho por decir y hacer en materia de patrimonio cultural. Primero conocer y reconocer lo que de ese pasado también glorioso heredamos y segundo descubrir lo que la arqueología y la documentación histórica nos enseñe como propio.

Haciendas y cortijos. Monumentos de la rururbanidad de Sevilla
De un pasado agropecuario no muy lejano, a penas cincuenta años pasados, nos queda una amplia lista de haciendas y cortijos que constituyen un primer conjunto patrimonial de valor arquitectónico y etnográfico que llega a nuestros días con diferente suerte.

Cortijo de San Ildefonso. Parque Tamarguillo. Alcosa
De algunas haciendas el nuevo barrio o polígono heredó su nombre como Amate, La Negrilla o su Eminencia. Las dos primeras cedieron su espacio a la urbanización, desapareciendo como en su día hicieron las de Buena Esperanza, San José y Hernán Cebolla. Su Eminencia sigue presente reconvertida a equipamiento municipal, igual que Santa Barbara y la del Pino o San Antonio rodeadas de viviendas o naves industriales. La del Rosario, condenada y presa del correspondiente vallado de seguridad, sigue esperando su rehabilitación o derribo; mientras que el cortijo de San Ildefonso, víctima recurrente del expolio y vandalismo urbano, perdió toda esperanza de ser centro de actividad cultural del nuevo parque del Tamarguillo.

Tampoco corrieron mejor suerte las haciendas y cortijos más alejados de la ciudad; a ellos llegó también la urbanización como en el caso de la Hacienda de Los Espartales, hoy como no podía ser de otra forma, polígono homónimo. Otras simplemente desaparecieron o se reconvirtieron a nave agrícola, como la del Mogollón. Muy pocos mantienen su función original y siguen siendo en mayor o menor medida complejos agrícolas como la Hacienda de La Caridad.

El Patrimonio Industrial. Tareas pendientes
El futuro de otros edificios singulares como el de Cooperativa Algodonera de Nuestra Señora de Los Reyes en Alcosa, siguen siendo objeto de polémica y buen ejemplo de una mala gestión patrimonial incapaz de mediar entre la propiedad privada, la administración pública y el movimiento vecinal que reclama su protección y rehabilitación.

Antigua Cooperativa Algodonera de Nuestra Señora Virgen del Los Reyes
Ejemplo también de lo mucho que queda por hacer es la falta de señalización de los uno de los elementos que en su día no fueron objeto de derribo. Ahí quedan los restos de parte de la infraestructura hidráulica de la huerta de Hernán Cebolla, sin que se entienda la relación entre este personaje histórico de la reconquista y las brigadas Internacionales que dan nombre a la rotonda donde se ubican. Tampoco se entiende que no se haya profundizado en su conocimiento y difusión, su relación con otro elemento propio del patrimonio como los Caños de Carmona que iniciaban su recorrido frente a la Hacienda de Santa María y del que tomaban agua molinos como los de la Jara en las tierras de Buena Esperanza, hoy Sevilla Este.

Más ejemplos de tareas pendientes en torno al patrimonio cultural de esta parte de Sevilla lo encontramos precisamente en lo industrial. Lo que hoy es el barrio de Sevilla Este fue antes Polígono Aeropuerto por su proximidad al nuevo pero también al viejo. Del viejo por no quedar no queda ni el reconocimiento local como tampoco del conocimiento de la relación del nuevo con el barrio así como de la existencia de otro edificio cercano como el Hospital Universitario de San Pablo, hoy ruinas y espacio de encuentro de los amantes de lo paranormal.

El patrimonio arqueológico. Ese gran desconocido
Cuenta también esta parte de Sevilla con su patrimonio arqueológico. Ahí están los restos diseminados de su pasado romano en el entorno de la Hacienda del Rosario y las piezas encontradas en el Cortijo de San Ildefonso. Pero si hay una parte fundamental de este patrimonio, pisoteada en su sentido literal y figurado, esa es la Vía Augusta; el camino viejo de Carmona a Sevilla que hoy perdura como vía de comunicación agraria y ruta ciclista entre Torreblanca y Tarazona, pero del que muy poco conocemos y en el que ni academia ni la administración competente han puesto especial interés.

Camino Viejo Sevilla-Carmona. Vía Agusta. Torreblanca
En próximas entradas ampliaremos información de estos y otros hitos del patrimonio con el objeto de dar visibilidad y cuenta del valor patrimonial de Distritos como Cerro-Amate y Este-Alcosa-Torreblanca en los que vive una parte nada despreciable de la población de Sevilla, concretamente, el 30%, cerca de 200.000 personas con voz y voto, también con relación a la política cultural y la gestión del patrimonio.

sábado, 18 de julio de 2020

El socorro del Hospital de la Caridad a los ahogados en el Guadalquivir


Como ya hemos comentado en alguna ocasión nos gusta hablar de la relevancia de los valores histórico-artísticos del patrimonio monumental de la ciudad, pero también de valores culturales menos reconocidos asociados a otras categorías patrimoniales como la documental, la industrial o técnica de algunos de estos espacios. Lo hicimos con el Laboratorio Municipal de Sevilla y volvemos a ello con el Hospital de La Caridad, edificio singular por su arquitectura y patrimonio mueble, pero también por el papel desarrollado en la atención a los enfermos desvalidos, la asistencia espiritual y sepultura de los condenados a muerte o el auxilio a los ahogados.


En nuestro blog Viviendo Ríos dedicamos la entrada de ayer a los Buzos o maestros del agua, personal que en tiempos de verano cumplían con la vigilancia y salvamento de los bañistas del Guadalquivir en Sevilla. Este oficio se creó a raíz de la instrucción presentada en 1773 un día como el de ayer, 17 de julio, por la Sociedad Literaria de Sevilla sobre el modo y medios de socorrer a los que se ahogaren, o hallaren en peligro en el río de Sevilla.

Comprometida con el desarrollo ilustrado de la ciudad y como remedio a la problemática recurrente de los ahogamientos en verano, la Sociedad presentó al ayuntamiento hispalense una propuesta dirigida al socorro y salvamento de los bañistas, incluyendo la delimitación de zonas de baño mediante estacadas y señales con la debida separación de ambos sexos; y la creación de un cuerpo veraniego formado por personas hábiles y prontas, que por su oficio y en fuerza de su obligación, sacaran del río a los accidentados y otras que acudieran con diligencia aplicarle los remedios oportunos.

Presentadas las instrucciones de los Buzos o Maestros del agua, hoy presentamos las dirigidas al personal que continuaría la labor asistencial al ahogado, como los enfermeros del Hospital de la Caridad, médicos y cirujanos.

Instrucción para los Enfermeros y demás Sirvientes del Hospital

Por su situación estratégica frente al río Guadalquivir el Hospital de la Caridad de Sevilla aparece en el documento como el abrigo necesario para que en tierra el ahogado recibiera los remedios oportunos. Para tal fin el Hospital debía reservar un cuarto con la dotación correspondiente de máquinas, instrumentos y remedios, así como el personal adecuado bajo el mando y la instrucción de un Superior presente siempre en la Casa para estos lances. Dos enfermeros tenían la tarea de responder a la voz de alarma de los Buzos o las campanas habilitadas en la Barqueta y en Almacén de Segura y partir con camilla a recoger a la víctima; otros tantos salían a buscar al Medico y el Cirujano designados para el caso, mientras que los dos restantes quedaban en el Hospital previniendo cama, máquinas y remedios.

El personal a cargo del auxilio acuático contaba con seis sirvientes. A la voz de alarma  dos salían con un féretro cubierto de tumba alta, con un colchón, cuatro sábanas y mantas de bastante abrigo. Cuando el ahogado era traído a tierra, se le debía enjuagar muy bien todo el cuerpo y cabeza con las dos sabanas y envolverlo con otra y con las cuatro mantas para conducirlo al Hospital (Artículo I). A la vez que el Superior mandaba a los subalternos a por el cuerpo, despachaba otros dos a buscar al Médico y Cirujano nombrados, o en el caso de no encontrarlos, a otros que según su pericia y celo debían prestar socorro de acuerdo con sus correspondientes instrucciones (II).

El aposento o cuadra dedicado al ahogado en el Hospital debía contar con un tonel grande con ceniza fuerte de lentisco, encina o retama; una caldera grande y sus trébedes; las cuatro sabanas y mantas comentadas; dos copas de madera y yeso de altura proporcionada para poner debajo de un catre fuerte; una máquina fumigatoria y una frasquera con los espíritus correspondientes (III).

Mientras que unos y otros traían el ahogado, médico y cirujano, los dos restantes debían calentar en la caldera las cenizas, tender el catre y cubrirlo con ellas hasta una altura de cinco o seis pulgadas. Debajo del catre las dos copas encendidas con carbón tenían la función de conservar bien calientes las cenizas para cuando llegara el enfermo, teniendo en cuenta de no encender el carbón de la candela dentro del aposento por ser ésto muy dañoso. En el cuarto debía contar también con una Máquina insuflatoria y un atado de Cigarros Habanos Fuertes (IV).

Estando todo en punto, el cuerpo del ahogado se debía colocar en el catre sobre las cenizas, siempre de lado y nunca boca arriba, echando más cenizas de las que habrían quedado en la caldera, y cuidando que las copas calentaran el cuerpo de arriba abajo. Para evitar desordenes que en tales lances produce la imprudencia curiosa del Pueblo, se debía prohibir la entrada al aposento de persona alguna impertinente al caso (V).

Instrucción para los Médicos y Cirujanos

La primera tarea debía ser la introducción en la boca la Máquina o tubo insuflatorio y que un hombre robusto se aplicará a soplar aire en los pulmones con todas su fuerzas. La máquina no era otra cosa que un soplete con una plancha y una tenaza para cerrar las narices del paciente, pero en caso de no disponer de ella podía sustituirse por cualquier cañón de madera, caña, metal, vaina de cuchillo, espadín, etc., teniendo cuidado que el aire del soplete no saliera por la boca o la nariz. Era esto de insuflar aire remedio que por sí solo restituía muchos ahogados (Artículo I).

Junto con la inspiración de aire se debía poner en uso la Máquina fumigatoria, algo así como una pipa de fumar tabaco, de la que se servían los facultativos para echar clisteres de tabaco en los partos difíciles y pasiones iliacas. Se debía introducir la cánula por el orificio posterior y, lleno el hornillo de tabaco encendido, soplar introduciendo el humo en los intestinos. En su defecto se podían usar dos pipas de las comunes unidas por las bocas de sus hornillos, una se aplicaba al sitio del ahogado y la otra se soplaba causando el mismo efecto, aunque con una sola se podía lograr la restitución del ahogado (II).

La cama de cenizas caliente se tenía como medio más eficaz para calentar al ahogado y dar movimiento a la sangre, aunque se podían utilizar otros socorros como la sal caliente, el estiércol o simplemente el acercar el enfermo al fuego. Por contra, se consideraba inútil meter al victima en un tonel y hacerlos rodar o colgarlos de los pies con el objeto de expulsaran agua, pues se consideraba que ninguno se ahogaba por tragar agua, pues no siempre se encontraba agua en el estomago, y en su caso era poca cosa incapaz de matar a nadie (III).

Estos primeros auxilios debían practicarse lo antes posible (IV) pero si no había señas de que el paciente volviera se debía proceder al sangrado de las venas yugulares, sacando doce onzas, por ser este tipo de sangría más eficaz que la del pie o el brazo. Tras el sangrado se debía arrimar a la nariz una pluma impregnada de algunos espíritus estimulantes como la sal de amoniaco, y hollín bien saturado e ingratos, incluso introducir por medio de un caños polvos estornutatorios. Para tal fin se debía disponer de suficiente repuesto de estos materiales en su caja o frasquera (V).

También eran aconsejables las friegas hechas con bayetas o lienzos ásperos calientes empapados en espíritu (destilado) de vino alcanforado y saturado de sal amoniaco. Las friegas se debían de ejecutar sobre el espinazo y pecho por largo rato en el caso de haberse hecho pronto la cama de cenizas o no haber ésta alcanzado a calentar el cuerpo. Como alternativa a estas friegas se podían utilizar sobre el corazón y el estómago cabezales o tostadas empapadas en Agua de la Reina de Hungría y Elixir de la vida (VI).

Los prácticos debían de insistir en la ejecución de estos remedios durante cuatro o cinco horas de forma porfiada y constante puesto que los que se habían restituido no daban señales de vida hasta después de dos o tres horas. Eran muestras de vuelta del ahogado el tragar saliva, el pulso del corazón, un suspiro, el movimiento o la excreción por alguna vía. Sin embargo, aun cuando esto sucediera, no se debía de dar por seguro, puesto que muchos ahogados morían en estos primeros movimientos. Cuando se hacía juicio de que el paciente podía tragar se le debía dar en el espacio de una hora cinco cucharadas de Oximiel Esquelético disuelto en agua tibia o en su lugar algunos granos de tartrato emético en tal dosis que no excitará vómito; alguna cucharada del espíritu de vino alcanforado, sal amoniaco, o algunas gotas del agua carmelitana en cocimiento del té. Pero antes de dar de beber cosa alguna se debía ver que el paciente podía tragar, pues de lo contrario se aumentaría el sofoco (VII). Pasado tiempo suficiente sin la reanimación del ahogado se podía hacer una broncotomía y proceder a las inspiraciones del aire con las mismas cautelas de la insuflación bucal (VIII).

Aunque pasadas muchas horas se consideraba imposible la restitución del ahogado, se debía intentar estos auxilios, incluso cuando el cuerpo se presentara amoratado, el pecho levantado o hinchado, a no ser que hubiera otras señales más positivas de muerte (IX) y en consecuencia proceder a su absolución y la administración de la Extremaunción conforme a las doctrinas teológicas (XI). Si restituido el enfermo, le quedaba opresión en el pecho, tos o calentura, se debía de sangrar el brazo, tenerlo a a dieta tenue administrarle Ptyfana de Cebada, Orozuz, Chicoria, u otros remedios blandamente discucientes (XI).

Los medicamentos y demás utensilios susodichos debían de estar en la sala con la reposición, aseo y decencia regular a cargo del Superior comisionado del Hospital, para tenerlos pronto y de uso en cualquiera ocurrencia. Medico y cirujano debían ser nombrados cada año, aunque la Sociedad proponía en su instrucción a D. Bonifacio Lorite y a Don Juan Mantony Atony como médico y cirujano respectivamente (XII).

Uno que en sus tiempos mozos fue socorrista titulado y tuvo que enfrentarse a esto de los primeros auxilios del ahogado se sorprende al día de hoy del alcance y contenidos de esta instrucción. Pero en el contexto de su época, la propuesta de la Sociedad fue considerada pionera e innovadora. Cuestiones como el masaje cardiaco o la respiración boca a boca, como medidas básicas de reanimación cardiopulmonar, tardarían en aplicarse. De las incluidas en la instrucción prácticas como el encamado de cenizas y sal calientes, así como algunas de las friegas y remedios a base de espíritus (destilados) de vino, sales y aguas milagrosas, han llegado a nuestro días como terapia y botica alternativa, siendo posible recibir tramientos similares en algunos balnearios y encontrar recetas y ofertas de las aguas de la Reina de Hungría y Carmelitana.

+INFO



Instrucción sobre el modo y los medios de socorrer a los que se ahogaren o hallaren en peligro en el rio de Sevilla. Imprenta del Doctor Don Geronymo de Castilla.1773. 32 pp. Reproducción digital del originalconservado en la Biblioteca de la Universidad de Sevilla.



domingo, 24 de mayo de 2020

El patrimonio como localización audiovisual


Fomentar en el sector audiovisual los valores paisajísticos de nuestro patrimonio debería ser práctica cotidiana de su gestión. La aparición del monumento en la película o serie de moda tiene tanta o más repercusión que cualquier campaña de promoción en Fitur que tanto gusta a nuestros alcaldes. Sin embargo, el aprovechamiento de iniciativas de promoción y fomento del patrimonio local como escenario de película, serie o anuncio, parece al menos de momento cosa rara.


Andalucía Film Commission (AFC) es una institución sin ánimo de lucro que tiene como objetivo promocionar Andalucía como lugar de rodaje y apoyar a las empresas y profesionales de la industria audiovisual en la logística de sus producciones. Desde su creación en 1998, por la Radio y la Televisión de Andalucía (RTVA) y la Empresa Pública de Turismo Andaluz, AFC informa sobre posibles localizaciones en Andalucía y coordina la industria audiovisual y las compañías de producción con las administraciones públicas, realizando una labor orientada a atraer repercusiones turísticas y económicas en el territorio andaluz.


De la provincia de Sevilla, solo 7 municipios están presentes en la lista de localizaciones que se promocionan desde la web de AFC: Alcalá de Guadaíra, Carmona, Cazalla de la Sierra, Écija, Morón de la Frontera, Osuna y Sevilla. Son estos siete municipios los que, hasta hora, forman parte de la Red de Ciudades de Cine en la provincia con un total de 19 escenarios de película.


Aunque que sí son todos los que están, no están todos los que son o han sido localizaciones en alguna producción. En Alcalá la lista de escenarios habría que ampliarla por ejemplo con Marchenilla y Gandul; incluir a Utrera con el Monasterio de Consolación y las Salinas de Valcargado; y como no a Isla Mayor, Puebla y Coria del Río. Y así igualmente con otros municipios y localizaciones hasta completar los 39 espacios que desde la provincia se incorporan a las Rutas de Cine que se promoción a nivel regional o provincial.


En próximas entradas aportaremos detalles de estas localizaciones, así como propuestas de nuevos espacios de la provincia con el objeto de aprovechar iniciativas como las que hoy os presentamos y establecer posibles líneas de colaboración de cara al objetivo común de promocionar el territorio provincial y su patrimonio.

+INFO:
Andalucía Film Commission. AFC
Andalucía. Destino de Cine
Diputación de Sevilla. Turismo de la Provincia. Sevilla de Cine


miércoles, 20 de mayo de 2020

El Laboratorio Municipal de Sevilla. Patrimonio cultural (1)



De la plétora de edificios históricos de Sevilla, los que desde la afición o el oficio relatamos como si fuera analítica o prospecto farmacéutico las bondades o patologías de esto o aquello, solemos incidir más en continente que contenido y menos en fondo que forma. Hacemos diagnóstico y juicio clínico del estado de conservación arquitectónico y, según el caso, convocamos en forma de denuncia al practicante o galeno de urgencia para que alivie con su inyección o receta de presupuesto el estado del enfermo, en una praxis prescriptiva, por lo común, más de naturaleza vitruviana (firmitas, utilitas y venustas) que hipocrática (vis medicatrix naturae).


No es ni será extraña esta forma de proceder en cuanto que el patrimonio hispalense está cargado de bienes inmuebles de interés en los que pocos muebles, más allá del entorno sacramental y nobiliario, resisten el paso del tiempo o el abandono. Pero siempre hay excepciones, como rara avis, o rara enfermedad.


El Laboratorio Municipal de Sevilla es buen ejemplo de lo dicho. Como edificio, continente y forma resaltamos su arquitectura ecléctica, o lo que es lo mismo, mezcla de regionalismo, modernismo y otros ismos arquitectónicos de finales del siglo XIX y alborada del XX, obra del ilustre D. Antonio Arévalo Martínez (1871-1948), como otras en el ensanche de la ciudad antigua en Nervión, la iglesia de la Concepción y el edificio, también municipal, sede del Distrito, por caso.


Ubicado en la Sevilla extramuros, cerca del Ambulatorio de María Auxiliadora, frente a otro de los espacios singulares de la Ronda Histórica -los Jardines del Valle- destaca su fachada monumental de dos plantas con adosados laterales rectos y curvos, que rompen su simetría, y elementos decorativos.

Como institución, contenido y fondo, resaltamos su rara continuidad funcional, pues raro es que edificios centenarios y de carácter público mantengan su uso tal y como fueron pensados en su día. Completada la obra (1912), el Laboratorio Municipal inicia su actividad en el edificio en 1913, tras un ir y venir como estrella errante de la nueva política higienista de finales del XIX en forma de Gabinete Histoquímico Municipal (Cabildo, 23/02/1883) destinado a erradicar las irregularidades, falsificaciones y adulteraciones detectadas en los productos alimenticios de mayor consumo.


El Laboratorio antes de ubicarse en su nueva sede, incorporó nuevos servicios como el de desinfección para el tratamiento de la ropa y enseres de ciudadanos que hubieran fallecido de enfermedades contagiosas (mire usted por dónde, ahora de rabiosa actualidad), así como el control de animales a modo de perrera municipal, que pasó al final de los 80 a la carretera de Alcalá como centro Municipal Zoosanitario Ignacio Vázquez Muñoz, ilustre personaje también, con el cargo de veterinario de la Maestranza, entre otros.


De aquellos tiempos el Laboratorio guarda sus habitaciones de lo sucio y lo limpio con su autoclave horizontal para el tratamiento de la ropa por vapor, las cocheras de cierre hermético para la desinfección de vehículos y una parte importante de su utillaje, objeto de catálogo por parte del Museo de Historia de la Farmacia de Sevilla. Suma también a su valor patrimonial, el documental, incluyendo el propio proyecto original de Arévalo y la crónica de las inspecciones, tratamiento y analíticas realizadas desde su puesta en marcha.

Nos encontramos así ante un hito patrimonial de Sevilla, que a pesar sus múltiples valores de ámbito arquitectónico, industrial/técnico, etnográfico y documental, se antoja, como otros edificios de la Sevilla moderna, poco conocido y tarea pendiente de investigación y difusión. Con esta entrada, rendimos homenaje a todos los sanitarios que pasaron por sus dependencias, así como al Museo Histórico de la Farmacia por iniciar en su día el estudio de esta parte de nuestro patrimonio.

Continuará.

+INFO:

RAMOS CARRILLO, A.; RUIZ ALTABA, R. (2014). El Museo de Historia de la Farmacia como instrumento de investigación y educación superior: contribuciones respecto al Laboratorio Municipal de Sevilla. Ars Pharm 2014, 55(4): 22-29.
PIÑERO, Fran (2015). Los secretos que esconde el histórico Laboratorio Municipal de Sevilla. Sevilla Ciudad. ABC de SEVILLA. 28de junio.

Fuente de Imágenes: IAPH, Laboratorio Municipal de Sevilla, Sevilla Ciudad